"El camino para ir hacia arriba es ir hacia abajo", era un dicho popular entre los labradores italianos de la Edad Media que pone de manifiesto tanto en el sistema empleado en la mejora de las cosechas, como la manera de desarrollar la facultad de transmitir alegría a los demás.
En la ciudad de San Vicente puedes extender la vista hacia el espeso follaje de un árbol milenario que sirvió de techo improvisado para las primeras familias españolas que llegaron al lugar. A la fecha todavía las ramas llenas de hojas se prolongan, en abanico aportando frescor a los moradores de las casas vecinas. No obstante el paso inclemente de los siglos, el árbol se ha mantenido en pié: Abrió camino hacia arriba, pero gracias a que sus raíces abrieron camino hacia abajo, nutriéndose de las entrañas de la tierra.
Si a decir verdad sacásemos partido "de que el camino para ir hacia arriba es ir hacia abajo", habría abundante buen humor en nuestros corazones, como para repartirlos a manos llenas. Disfrutaríamos en la negación de nosotros mismos y aún más al satifacer los anhelos de felicidad en los demás.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
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